viernes, 31 de octubre de 2014

La Laptop

Siempre cargo la computadora en el carro. Es una terrible costumbre. Me alenta. Siempre tengo que estar pensando en dónde la voy  aponer, en bajarla en cargarla. Si la dejo ahí, quien sabe qué pueda pasar. Es un peligro lo sé, pero por lo mismo no puede ser descuidada.
Dentro de ella están todos mis escritos y trabajos. Es como una extensión de mi mente. Todas mis pesadillas, malos sueños y aversiones. No hay umbral de pérdida qué permitir. No se debe dejar eso al exterior. A la vista y al alcance de todos.
Un día, llegué a mi trabajo. Había un hombre nuevo limpiando los carros. Yo solo iba de pasada a recoger algo, así que no bajé la mochila. El hombre me pidió unos pesos a cambio de lavarme el carro, pero como yo iba nomás de tiro por viaje, sabía que no iba a alcanzar él a hacer mucho trabajo.
Aquel hombre no había oído nada de mi. Era ajeno. Y lo chistoso es que era amante también de lo ajeno. Se acercó a mi auto con malas intenciones. Con una espátula por la ventana forzó la puerta. Creyó haberse sacado la lotería, pues bicó la mochila de lo que sería mi posesión más valiosa.
No se imaginaba lo que contenía.
Tomó la mochila, la abrió y se dispuso a tomar el dispositivo que no era suyo.
De pronto, la pantalla se abrió sola y se encendió.
En ella, las pesadillas salieron. Las inseguridades, malos sueños y aversiones se presentaron ante aquel hombre. Eso no era nada que pudiese existir más allá para él. Nunca le educaron a no meterse a mentes ajenas sin permiso. Pero los abrumadores pensamientos descontextualizados de una mente atormentada pueden ser perjudiciales.
El hombre fue siendo agarrado por todo lo que ahí contenía. Se fue metiendo, siendo devorado por el artefacto que se abría y cerraba como si una boca masticara. Pronto, del señor ajeno no quedó nada.
Cuando regresé al auto, me encontré con mi compu en el asiento. Abierta, encendida.
“otra vez”, pensé.
Antes de continuar con mi día, le eché un ojo a lo recién escrito en la pantalla. Aparentemente era la ida de un amante de lo ajeno que pretendía ser lavacarros.
Pensé en qué podría hacer con ello mientras cerraba l puerta y me disponía a vivir el resto del día.

No debo dejarla tirada por ahí. Si lo hago, quién sabe qué pueda pasar…a la gente que simplemente se asoma por curiosidad.

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