martes, 18 de junio de 2013

El Alto

-Óyeme imbécil, ¿qué te pasa?
-¿Disculpe?
- ¡El alto, pendejo!
- Óigame joven, vengo con mi hijo, y somos una familia cristiana.
- Pues con más razón deberías tener respeto por tu prójimo ¿no?
- Mire, mejor cálmese...no sabe lo que está diciendo.
- Estoy diciendo que te vayas a manejar como quieras pero a un lado de tu chingada madre
- Joven, por favor modérese.
- Modérate tú, y da ejemplo, pichi ciudadano modelo bajo las leyes de Cristo.
- ...
- ¿O qué? No dice en La Palabra nada de respetar la vialidad?
- ...
-Oh no, se me olvidó que su Divina Palabra se escribió hace millones de años y no está actualizada a nuestras vidas de hoy ¿Pues sabes qué? ya me harté de esperar a que se adecuen al pensamiento normal. Ojalá que Dios regrese ya. Que renazca su mentado Mesías. Sí. Que venga su Salvador en nuestros días, a ver qué dice del desmadre que se traen y comience a repartir regaños. A ver si así respetan a su pinche prójimo.
- ...joven...no sé que decirle.
- Solo diga lo que siempre dice: Amén.

viernes, 7 de junio de 2013

The douchebag heart (El Corazón bravucón)

Está bien, lo admito soy amargado. Muy amargado. Muy muy tremendamente amargado, pero no por eso vayan a pesar que soy un caso perdido. Los casos perdidos no llegan a nada, en cambio yo camino para adelante. Y acaso un caso perdido hubiera procedido de la manera que yo procedí?

La depresión había agudizado mis sentimientos, sobre todo el sentimiento por las mujeres. Veo mujeres volando en el cielo y caminando en la tierra. Veo incluso mujeres llamándome al infierno. Cómo puedo ser un caso perdido entonces?
Escuchen con cuánta alegría les cuento mi historia.

Me es imposible decir cómo aquella idea me entró en la cabeza por primera vez, pero, cuando llegó, ya no se quiso ir. Yo no pretendía nada. Tampoco me urgía.}

Esa chica no me llamaba tanto la atención. Nunca le coqueteé, ni me coqueteó. Era bonita y todo, era muy alegre y llena de luz...y a mi esas cosas no me apelan del todo.
Hasta que pensé...eran sus ojos. Sí. Esos ojos cambiaban de color con cada pasar de luz, con su cabello. Hasta con lo que traía puesto. Eran esos ojos, sí, eso era!
Unos ojos vivos y rojizos que subían y bajaban cuando me veían. Es por esos ojos...que ni siquiera lo decidí...simplemente me enamoré de ella...
Escuchen. Ustedes me toman por caso perdido. Pero si hubiesen podido ver la resistencia con la que soporte sus encantos. Como cuide mis miradas y no le dirigí sonrisas ni versos. Como pise justo donde debía pisar. En verdad jamás fui tan amable con esa mujer, antes de enamorarme. Y es que se hubieran sorprendido de ver como disimulaba entre anécdotas y preguntas. Como le sacaba información en las pláticas sin saber siquiera lo profundo que nuestra relación llegaría a ser. Pero cada vez que la veía…escuchaba al viejo corazón dar una punzada más fuerte, y cada vez mayor a la anterior. El ritmo marcaba una marchaba fúnebre. El ápice de mi amargura que se desvanecía en la presencia de aquella señorita. Les he dicho que soy sentimental…pues la bomba de aquellos latidos se sentía demasiado. Su presencia la hacía mayor, y en cada compás sentía más por ella, era un círculo vicioso. Mi coraz[on parecía comenzar a hincharse y querer desmembrarse en una explosión.
Pero cuando me di cuenta. Decidí tomar acción. Y que acción más dura resulta la de ignorar a veces el corazón propio…pero este corazón resulto más abusivo que otros cuantos. Fue entonces, al octavo día de conocerla, procedió con cautela a traicionarme. Ella abrió la puerta del café. Entró intempestiva. Igual que siempre, pero algo había cambiado. Sus ojos se veían más encendidos que nunca. No reflejaban ni su cabello ni su ropa. Reflejaban el fuego de mi alma.
Pero no podía dejarme llevar. Entré a mi propio pecho, mientras mi corazón se disponía a latir más rápido. Un ruido sordo silenció mi interior. Tome mi corazón y lo escondí debajo del piso. Moví tres placas de madera y simplemente lo di por muerto, lo arrojé ahí. Tenía que deshacerme de la evidencia que marcara la inexistencia de mi amargura.
Entonces ella entro. Se sentó delante de mí. Yo sonreí, no tenía nada que ocultar. Le ofrecí una taza de té y comenzamos a conversar. Me erguí en mi silla, seguro de que mi víctima no podría molestar.
Ella se veía satisfecha, mi actuación la había convencido. Nos sentimos a nuestras anchas sin nada que interrumpiera. Hasta que noté que comenzaba a sonrojarme. Verla ya no me resultaba igual de confortante. Su boca había cambiado. Esa sonrisa me hacía sonreír a mí. La piel de su hombro podía sentirse en mis manos sudorosas. Sus movimientos me metían en un trance inevitable. Y comencé a respirar rápido. De pronto escuche la bomba de mi pecho una vez más. “Estas enamorado” decía.
“Calla, no es cierto, yo soy un amargado”
“ Mírala, y dime que no…”
“No! Soy un caos perdido y punto!”
“Mira esos ojos y dime de qué color son”
“No…”
Solo veía su expresión y como sus ojos se volvían cada vez más rojos. Punzaba su iris. Como si fuera a desmembrarse en una explosión.
“Te gusta…la quieres…la amas…”
No…la voz incrementaba. El maldito cínico enterrado en mi pecho había alzado tanto la voz en mis adentros que se escuchaban incluso fuera de mi cabeza.
De seguro ella lo oía… claro que lo oía y sospechaba! Sabía y se estaba burlando de mi junto con él. Así lo pensé ese día y lo pienso hasta hoy. Pero cualquier cosa era mejor que esa inmundicia. No soporte más tiempo de sus acusaciones. Lo escuchaba más fuerte…y más fuerte…y más fuerte…
-Basta ya! Confieso que está gritándome y que siento todo esto por ti. Ahí está, llévatelo para ya no escucharlo nunca más!