Dicen que en la
antigua Babaria, los cerveceros sacaban una planta de gardenia y la colgaban al
preparar su brebaje. Cuando la flor comenzaba a marchitarse, quería decir que
el producto estaba listo para sacarse y mandar a sus consumidores a la
respectiva perversión.
Recuerdo que la primera vez que te vi. Aquel día de la cita a ciegas, verte me incitó a darte algo que llenara cada sentido a la misma magnitud que tú llenabas los míos. Te regalé una gardenia.
No sé cómo le hiciste para que agarrara raíces en la maceta. Y cada día crecía, y cada día más bonita se ponía. Igual que ya sabes qué, ni pa qué decirlo.
El tiempo pasaba mientras veía cómo crecía y lo nuestro muy parecido. Hasta aquel día que llegué y miré la flor en la maceta. Había comenzado a marchitarse. Ahí supe que mi brebaje estaba listo para llevarte a tu respectiva perversión.
Recuerdo que la primera vez que te vi. Aquel día de la cita a ciegas, verte me incitó a darte algo que llenara cada sentido a la misma magnitud que tú llenabas los míos. Te regalé una gardenia.
No sé cómo le hiciste para que agarrara raíces en la maceta. Y cada día crecía, y cada día más bonita se ponía. Igual que ya sabes qué, ni pa qué decirlo.
El tiempo pasaba mientras veía cómo crecía y lo nuestro muy parecido. Hasta aquel día que llegué y miré la flor en la maceta. Había comenzado a marchitarse. Ahí supe que mi brebaje estaba listo para llevarte a tu respectiva perversión.
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