Luché mucho…tanto tanto. No quería otra cosa que salirme de esa maldita casa. Donde todos controlaban todo y yo no era dueña de nada. Jamás tuve otra cosa en la cabeza. Tomé la primera oportunidad que me dieron.
Siempre fui buena estudiante. Mis papás no me dejaban hacer otra xcosa que no fueran actividades académicas. Decían que no tenía que ocuparme en algo que no fuera a darme futuro. Y pues, cuando salí de la prepa, las solicitudes me llovieron.
Todas las escuelas se veían igual para mí. Pero mi decisión no fue tomada por un nivel académico. Fue por él. El promotor de la Universidad de Ciencias Humanas. Carlos se llamaba. Y era la persona más segura de sí misma, más pulcra y con la voz más profunda que jamás hubiera conocido. Tenía que volverlo a ver cuando fue a ofrecer las becas a mi escuela. Así que tomé cita para una entrevista. Me tocó con él. Fue la media hora más intensa de toda mi vida. Nunca tuve la oportunidad de meterme en ningún asunto donde no estuviera tdo bajo control. Ciertamente, frente a Carlos, el control se me olvidaba.
Terminé decidiéndome por negocios internacionales. La carrera que él me recomendó. Según él, viajaría por todo el mundo durante mi educación y conseguiría oportunidades. Era la oportunidad para alejarme de esa casa.
Efectivamente, durante mis estudios tuve oportunidad de realizar algunos viajes. La primera vez que me alejé kilómetros de mi familia estaba tan conmovida que lloré de la felicidad. Carlos me miró y me confortó por que según él, me puse melancólica de alejarme de casa.
Como me especifiqué en la rama de comercio de él, siempre nos tocaba ir a los viajes juntos. Cenábamos en restaurantes de todo el mundo. Pasábamos veladas y fiestas increíbles. En más de una ocasión acabamos compartiendo cuarto juntos. La primera vez que nos besamos yo andbaa bastante subida de vino. Él no se aprovechó, era un caballero.
No tocamos el tema en la escuela, hasta meses después que tocamos Nueva Delhi. Ante las lámparas moradas y turquesa del clima caluroso, mencionamos qué sería si tuviéramos otra oportunidad así. Esa noche tocó lugares que jamás habían sido explorados por nadie. No sabía antes de eso lo que era estar enamorada.
No podíamos seguir más allá, pues su trabajo peligraría. La única solución era esperar al siguiente nivel cuando yo terminara mi carrera. Así que le eché todas las ganas durante el resto de mi universidad. Poniendo cara buena en cada foto de un reconocimiento entregad. Abrazando a mis hermanos y padres como si los quisiera. Y siempre agradeciendo a Carlos.
Cuando al fin llegó la ceremonia de graduación. Yo salí con honores. Mis padres lloraron. Su bebé ya no lo era. Al fin tenía edad y medios para escapar del yugo al que me habían sometido desde mi nacimiento.
Carlos me esperaba para un viaje de negocios al que me invitó. Para celebrar mi independencia y mis oportunidades. Esa noche llegué a mi nueo departamento. Para mí sola. Yo me lo había pagado. Sin hermanos, sin padres. Solo conmigo misma. Sola con mi libertad. Con algo tan inmenso que no todos soportan. Sobre todo si han pasado su vida en un eterno Estocolmo.
LA vi demasiado grande. Demasiado incontrolable. Así era yo? Así era la vida sin nadie que te dijera qué hacer ahora?
Carlos fue en la mañana a despertarme. LA puerta estaba cerrada. Quisiera haber nacido tetera. Tendría siquiera un lugar dónde sacar la presión que me mataba. Carlos llamó varias veces antes de usar su llave. El depa estaba silencioso. Como si no hubiera llegado yo. Pero lo que pasó es uq ella me había ido. Carlos gritó al sostener mi cuerpo y levantarlo del piso del baño. Ya no latía.
Mejor hubiera nacido tetera. Esas saben manejar la presión. Además, una tetera hubiera hecho algún silbido para que todos escucharan cómo estaba a punto de ebullición. Cómo lloraba antes de estallar.
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