miércoles, 27 de agosto de 2014

El Billete de Zapata

Cuando era chico, la vida era otra. No sólo por la situación socio familiar o lo que sea. En verdad el mundo era otro. Vean esta imagen conmigo. Agarrar el billete de diez pesos de Zapata  y con eso comprarte toda la tiendita de la escuela. Luego regresarte corriendo al salón a abrir tu libro de texto con la portada de Miguel Hidalgo  o Benito Juárez. Los mirabas y apenas comenzabas a aprender quiénes eran. Pero sabías que eran grandes. Que cada muralista que los pintó pudo capturar en sus imponentes imágenes, la voluntad de un pueblo por conseguir sus cambios. Tú sabías que eran de respetarse. En ese tiempo el respeto se sentía diferente. No era miedo, no era querer callarse porque te regañaban o porque la tele te lo decía.


Aunque daba flojera, sabías que el himno nacional que cantabas significaba algo, y en el video ese que ponían a las doce de la noche en la tele, las imágenes patrias hablaban por sí solas. Cuando éramos todos chicos, los días festivos no eran sólo pretextos para agarrar un puente sin trabajo o clases. Se daban para recordar los aciertos de nuestra nación.  La inspiración de Morelos, las deciciones de Cárdenas. Tenían sentido, y lo sabíamos al aprendernos esos discursos y poemas que recitábamos en la quermés.

Yo me acuerdo de México. Me acuerdo que en ese tiempo sabía en qué país vivía. Uno donde la bandera representaba más que un ritual. De las pinturas en los palacios, de los monumentos en las glorietas. Que a nosotros cuando estudiábamos, se nos trataba de inculcar un valor y un orgullo por ser de donde somos.

Hoy no tenemos ya eso. Hoy tenemos un espectáculo de payasadas en la tele que nadie se cree, pero que no podemos hacer nada porque no le conviene a una letra S con una raya ($). Por que los inversionistas de empresas que le compran territorio al gobierno no quieren perder nuestro bolsillo. Hoy tenemos a un estúpido iletrado al mando. A ladrones en nuestros senados. A corruptos en nuestros salones. A chicas con minifalda en puestos importantes prematuramente.


Hoy tenemos un montón de adinerados gorditos que se toman fotos sonrientes en un escenario de papel. Que cuando lo quitas ves la podredumbre ante la que nos han puesto: Trabajadores que no tienen para consumir ni lo que cosechan. Maestros menospreciados. Jubilados a los que les cobramos por mantenerlos vivos.

Un sistema educativo insuficiente y decadente, por el que lo que se preocupa la esfera es a quién le va a dar el lugar del mando en lugar por concientizar a los niños.

 La ruleta del destino ha dado casi la vuelta completa en que nos pide dar un grito, pero no de festejo, si no de queja. De pedir justicia y una verdadera paz. Ya dio el giro necesario para que el país necesite de nuevo un ajuste. Como lo hizo desde la Independencia a la Revolución.


Es momento de dar un grito a la tele. A los adinerados. A los que aprueban las leyes. Al que se va a poner la bandera en el pecho para que le vitoreen lo inútil.

Es momento de hacer lo que hicieron los de los libros de texto. De recuperar a aquel que salía en el billete descontinuado.

Hoy no es como cuando era chico.

Hoy es ya un momento crítico en el que el pueblo se acomode y exija lo que le pertenece. Dignidad como humanos. Como hermanos. Como mexicanos.