viernes, 29 de noviembre de 2013

Erick Explícito

Erick Explícito. Solo un hombre. O eso es?
Puede ser acaso solo un hombre una persona que, sin escrúpulos y a lengua rasurada, hace uso de su ingenio para amortajar a la sociedad con una simple opinión. Una opinión que nisiquiera es disparada de una manera directa, si no puesta ne la mesa para una interpretación. Que si bien insulta, no insulta de manera denotada a quien realmente está lanzada su crítica.
Llama a su lector “pendejo”, pero el lector redirige el mensaje a quien en verdad se intenciona, a la apendejadora máquina mediática que compone nuestra hegemonía. Por estas razones, se puede decir que Erick Explícito no es solo un hombre, podemos decir que es La Verga.
Y para estas afirmaciones…qué es la Verga?
Pues miren, digamos que la connotación más conocida es el “miembro reproductor masculino”, pero para decir verga este miembro debe ser muy masculino, muy reproductor y muy miembro. Y el haber de una verga, pues es penetrar a algún orificio con intención de sentir el logro de dominación. El acto de “chingar”.
Eso es lo que Explícito hace, procura y logra. Chingar. Toma  a la cédula social en cuestión, la que merece ser criticada y bajada a un coloquio decadente, la voltea, y se la chinga. Haciendo uso de lo que él mismo llama, una “excelente destreza lírica desperdiciada en pendejadas”, penetra a la audiencia como si fuera una mujer pidiéndolo a gritos.
Por que la sociedad eso e slo que necesita. Vivimos en un pueblo acostumbrado a dejarse maltratar. Cuando agarramos la onda, es por que alguien más nos dice que la agarremos. Que la revolución francesa, que la independencia de EUA, que cuando viene un extranjero, lo levantamos sobre nuestros hombros como si fuera un dios azteca, y para acabarla, entre más despectivamente nos trate, más le damos espacio. Así somos los mexicanos, aunque no lo admitamos, necesitamos que venga un “verga” y nos abra para recibir el mensaje que tengamos que aprovechar.

jueves, 7 de noviembre de 2013

Por qué Ash no tiene mi edad?

Esta la dedico a mis amigos geeks…que son como el 99% de los que andan por ahí. Y ni se escondan ni digan “ay yo no soy geek, nomás me gusta jugar blablabla o ver no sé que serie, pero mírame, cotorreo, tengo novia y trabajo”. Eso, mi amigo, vale dickness, mereces que un escuadrón de jugadores de futbol americano gringos se rían todo el día de ti y te tiren el almuerzo en la cafetería (en serio, qué pasa con esa realidad en USA?).
En fin estaba por ahí, siendo geek y viendo cosas geeks, cuando llegué a un video que me hizo tripear bolas (así es, tomé varias pelotas y las amarré a un tripié para cámara). De un tema que en los haberes de los veinteañeros alguna vez ha sido propósito de berrinches: Le edad de Ash Ketchum.
El anime de Pokemon siempre es causa de enojos, pues ver cómo una corporación de distribución destruye algo que muchos amamos cuando éramos niños se vuelve un soso producto de mercadotecnia. Que sí, Pokemon siempre fue un producto de mercadotecnia desde el principio, pero para su creador era algo significativo. En fin, Como todos tenemos conocimiento desde que en una de recientes transmisiones dice que el morro tiene 10 años. Y tiene 10 años desde hace como 14.
Los argumentos para desacreditar esto llueven como cerdos sin alas, no entraré en detalles pero se supone que ha estado en suficientes aventuras como para haber dejado pasar más tiempo.
La explicación de esto es, como ya habíamos dicho, lo vendible del producto. Un niño preadolescente que compra compulsivamente juegos, cartas, mochilas y cuanta cosa le vendan con la imagen de su personaje favorito, va a seguir al mismo si logra identificarse con él. Lo hemos visto a lo largo de mucha media exitosa, como los Transformers, siempre tienen a un Witwicky (el nombre más tonto que he escuchado). Pero bueno, los robots no se pasan de lanza y al menos cambian de niño cada determinado número de años.
En fin, este estancamiento de desarrollo en el personaje, se refleja muy bien en el estancamiento de argumentos en la serie. Lo que todos los fans de videojuegos con más de veinte años queremos, es ver más de nuestras historias favoritas, que apelen a nuestra nostalgia, de cuando éramos niños y el mundo que veíamos era genial. No queremos esta realidad en donde las cosas para niños son tontas y las cosas que disfrutamos son tan aburridas. No queremos redactar un proyecto, ni buscar plaza en un sindicato. Queremos tomar a nuestro animalito con poderes celestiales y surcar tierras inhóspitas con peligros indescriptibles. Esa es la mera vida, y el que diga que es más divertido lo que está haciendo justo ahora, es un vil mentiroso que  me va a decir que crezca.
No me malinterpreten. Yo siempre voy a seguir viendo caricaturas, son como combustible. Pero cada vez hay menos tiempo, menos chanza, y menos historias que tengan un poco de interés para mí.
Hay mucho dolor y hay mucha nostalgia de que las cosas no puedan ser como en un tiempo más simple. Mamá y papá estaban juntos. Todos mis abuelos estaban vivos. Mi hermano siempre estaba aquí a un lado. Las niñas repugnaban. En el futuro íbamos a ser todos presidentes del mundo y estrellas de cine millonarias. Y sobre todo, algún día pasaría algo místico que cambiaría el destino, volviéndonos héroes de nuestra propia historia.
Y saben qué? Lo somos. Rifamos la vida mes con mes para no ser aplastados en esta sociedad complicada. Recibimos ascensos. Sacamos aprobatorias nuestras tesis. Con un cheque podemos darnos poder para una jornada más. Escribimos un artículo nuevo, llevamos a nuestra mamá de compras para hacerla feliz. Día con día es un nuevo episodio y una historia que continuará.
Pero malamente, como ya les había dicho, las aventuras épicas son para niños. Queremos aventuras oscuras que identifiquen alguna parte de lo que vivimos o queremos vivir, pero Ash y Pikachu no serán nunca la manera de resolver esto.

Y eso es por una simple y sencilla razón. Ash se va a quedar niño por siempre. Él no puede acompañarnos al banco, ni a pagar el teléfono. Él está muy ocupado llevando de la mano a nuestros sobrinos (o a veces hijos) de la mano, dándoles lecciones de valentía, amistad y muchas otras guarradas que, afrontémoslo, nos enseñaron alguna vez las caricaturas.