Escucho dos veces la alarma.
No porque dos veces suena. Si no porque en una llega y en la
otra retiembla.
Porque la cabeza está vacía desde que la esperanza se
esfumó. Hace ya tanto que las ventanas se oxidan. Hace dos segundos. El primero
para nada. Y el segundo para pensar.
Los ojos con bolsas increíbles de tanto caminar sin pies. En
rincones de cabeza vacía. En donde la alarma suena dos veces.
Dos veces, en dos segundos.
El primero nomás por
pasar.
El segundo lo
realiza.
Todas las promesas formadas en vuelos.
Todas las pistas
falsas de un ayer arrabalero.
Todas las emociones de portones firmados de intentos.
Todas las botas con agujeros.
Tanto caminas con
ojos sin pies.
Cansado de dormir parado. Despierto solo de ver una taza
café. Jugando con gatos que tocan instrumentos.
Y sonríe un loco sin
prevenirlo.
Porque todo de todo modo, mi amigo, es todo. Significa que no significó.
Al primer paso no
avanzó.
Y al segundo todo cae en cuenta.
En un billete de
veinte.
Que compra tres
litros o pone crédito.
Que se da de limosna
y por limpiar el carro.
Ya era hora, y la alarma sonó dos veces en una cabeza sin
tiempo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario