miércoles, 19 de diciembre de 2012

La Alarma


Escucho dos veces la alarma.
No porque dos veces suena. Si no porque en una llega y en la otra retiembla.
Porque la cabeza está vacía desde que la esperanza se esfumó. Hace ya tanto que las ventanas se oxidan. Hace dos segundos. El primero para nada. Y el segundo para pensar.
Los ojos con bolsas increíbles de tanto caminar sin pies. En rincones de cabeza vacía. En donde la alarma suena dos veces.
Dos veces, en dos segundos.
 El primero nomás por pasar.
 El segundo lo realiza.
Todas las promesas formadas en vuelos.
 Todas las pistas falsas de un ayer arrabalero.
Todas las emociones de portones firmados de intentos.
Todas las botas con agujeros.
 Tanto caminas con ojos sin pies.
Cansado de dormir parado. Despierto solo de ver una taza café. Jugando con gatos que tocan instrumentos.
 Y sonríe un loco sin prevenirlo.
Porque todo de todo modo, mi amigo, es todo. Significa que no significó.
 Al primer paso no avanzó.
Y al segundo todo cae en cuenta.
 En un billete de veinte.
 Que compra tres litros o pone crédito.
 Que se da de limosna y por limpiar el carro.
Ya era hora, y la alarma sonó dos veces en una cabeza sin tiempo.

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