En el café
Yo nomás venía a hacer mi tarea. En casa están todos siempre
pasando y distrayéndme. Quería hacer unos dibujos, pero ella se tenía que
sentar aquí justo hoy.
Cabello hondulado y quebradizo, unas pestañas que se abren
como flor de mañana.
Piel más canela que mi bebita, las manos largas y finas
aplastando la pantalla del celular.
Labios partidos a la mitad. Labios…labios…labios.
Delgasa, unas malas que llegan hasta lo incierto.
No he podido hacer otra cosa que dibujarla. Miro mi obra,
quiero preguntarle tantas cosas a la imagen en mi cuaderno.
Le quiero invitar a salir tomarnos dos tragos al bar que
está junto.
Me presento ante mi propio cuaderno, hago como que de hecho
la invito a salir.
El dibujo me dirige las flores de sus ojosy me dice: “No
puedo, tengo dieciséis”.
Cierro Cierro el cuaderno y lo aviento en la mesita. Me
apresuro a la hída de la vergüenza. Antes de que alguien lea mis pensamientos.
Ella se para, abre mi cuaderno y se contempla en mi dibujo.
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