Jaime miró su nombre escrito en el vaso con café. Su frente
marcaba la vía de suor. Sus manos temblaban. Se concentraba en aquel cilindro
con el cinto de cartón y la carita feliz con plumón que la ateniente dibujó.
Una chica bonita estaba al lado de él esperando su frappé, lo cual aumentaba
aún su terror.
Sus manos temblaron al acercarse. Sudor, cilindro, chica
bonita. Sudor, cilindro chica bonita. Jaime tomó el vaso y trató de apretarlo
lo menos posible.
El vaso de todas maneras explotó la tapa y se llenó la mano
de café.

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