Javier se encontraba en el pasillo 12 – B enfrente de la
pecera de los grillos. Temblaba de incertidumbre. Podía estar frente a los
insectos más asquerosos e incomunes, pero la criatura que acomodaba las cajas
de atrás le daba pavor. Era una chica nueva en la tienda. Cabello corto y
lacio, anteojos y una carita de muñeca blanca. Tenía que hablarle para pedirle
unos cuantos grillos. Ya podía escuchar cómo replicaba Claudia de que tardara
tanto su alimento.
Le habló a la muchacha. Casi tartamudeando. Le pidió las compras y ella rápidamente lo
despachó. Pero después de eso, se le quedó mirando sin darse cuenta. Ella le
sonrió y preguntó si se le ofrecía algo. Como si se arrancara las palabras de
la garganta le dijo:
-
Oye… me…me…me pasarías tu face?
-
¿Mande?
-
Que si… -Se agarró por dentro- Que si me das tu
face
-
¡Oh, claro! Mira te lo anoto aquí en el recibo.
Sus ojos se volvieron planetas y empalideció. Casi salió corriendo
tras unas gracias ininteligibles y se dirigió a casa con la nota en la mano y
los grillos en la otra (que casi se le olvidan).
Al llegar a casa, no se hicieron esperar los reclamos. La
enorme tarántula azulada lo miró con su docena de ojos, acusándolo.
- - ¡Javier! ¡Te dije que no he comido en dos días!
¡No te creo que puedas ser tan irresponsable!
- -Perdón, perdón. Es que tuve unos problemillas
Se disculpó mientras abría la pecera e introducía los
grillos para que Claudia se alimentara.
Nadie más podía escucharla en lenguaje humano. Javier había intentado
innumerables veces probar que su tarántula le hablaba, pero siempre era inútil.
El sonido, además no procedía de donde ella estaba. Parecía que Claudia le
mandaba mensajes directo a su cabeza. Así que quizá era una manera de ser
telepática y selectiva. Nunca había sabido por qué era con él en específico.
Javier sacó su laptop y rápidamente se adentró a agregar e
contacto de la chica. Apareció la foto en la pantalla y el hombre se hizo
pedazos otra vez.
- -¿Y esa quién es? – dijo Claudia mientras le engullía
las patas a una de sus víctimas.
- -¡Oh, amiguita, esta es un espécimen tan raro
como tú en la vida!
- -¿Qué?
- -Claro, no tan bonita como tú.
- -Oh, bien, entonces prosigue.
- -Creo que nunca de los nuncas había estado tan
enamorado.
Claudia escupió un par de alas, se sacudió la cara y
prosiguió en un modo burlón.
-
Javi, eso dijiste de la última chilapastrufa
que pasó por esa puerta ¿Te acuerdas? La que no se bañaba.
- -Pero…
- -Y luego la que no vivía aquí, que nomás te
quería para quedarse en tu casa en la noche. O sea, ¡hasta le dabas tu cama y
te ibas al sofá!
- -Pero…
- -No, no, ¡y la loquilla esa! La obsesiva. Que no
te dejaba ir a la tienda sin ponerte un rastreador.
-
¡-Sí, Ya entendí! He salido con chicas un poco
inadecuadas…
- -“un poco inadecuadas”, qué elegante –dijo la
araña haciendo comillas con cuatro de sus patas-
- -Pero no, ella es muy diferente, vas a ver.
- -Y de nuevo, te basas completamente en nada.
- -¡Clau! Confía poquito en mí, por favor.
- -Bueno, yo nomás digo que de verla, esa carilla
de no rompo un plato no me convence para nada.
Javier decidió terminar la plática al ver la insatisfacción
de Claudia. Se dispuso a seguir mirando as fotos de su anhelada platónica y
esperar a que le contestara.
Ya entrada la noche, la chica apareció. Se saludaron
inmediatamente y comenzaron a bromear sobre la forma en que ese conocieron. Él
se emocionó que le dijera que se veía como una buena persona y que sí quería
platicar con él. Se puso como tonto. Durante todo el día siguiente, no se
despegó de la compu o del teléfono. Platicaron en cada rato que él no estuviera
haciendo algo. Una conversación con muchos “jajaja”, “XDs” y ese tipo de
articulaciones que pone uno cuando quiere advertir que está pasando un buen
rato. Javier había dejado de importarse en todo lo que no fuera la chica, a pesar
de los regaños de Claudia. Ella decía que siempre le pasaba lo mismo y que
tuviera cuidado, porque en una de esas le iba a dar una depresión más grande, o
en el peor de los casos, un shock.
Una noche, muy entrado en la pantalla de la lap, Javier dio
un brinco que despertó a Claudia.
- -¡Clau, clau! ¡Dijo que sí, dijo que sí!
- -¡Y yo digo que te calles! – reclamó mientras se
tallaba los ojitos-. ¿Qué pasa?
- -¡Dijo que sí quería salir conmigo! Bueno, no
saldremos, vendremos acá y comeremos pizza mientras vemos una peli. Bueno, ella
sí saldrá, pero yo no ¡Bueno, el caso es que es una cita!
- -Oh, my.
Entonces voy a tener el “honor”, por fin.
- -Sí, mañana vendrá y tengo que arreglar todo.
Claudia expresó su falta de interés al dormirse de nuevo.
Javier, en cambio, apenas pegó ojo en la noche. AL día siguiente hizo un
torbellino en su depa. Sacudió, acomodó, limpió, talló y relimpió todas las
esquinas y muebles.
Se acicaló dos horas y se sentó temblando la pierna frente
al teléfono.
- -¿Qué haces ahora?
- -Estoy esperando para pedir la pizza y que
llegue exactamente 4 minutos antes que ella.
- -¡Santo dios!
Todo se veía perfecto a como lo quería acomodado. Era la
hora, y ella llegó puntual. Sonó el timbre y la chica dio el primero paso
dentro del depa. Él la saludó con efusividad contenida. Comenzó a escuchar de inmediato
las críticas de Claudia.
- - Ok, ok. Veamos. Pues sí, la chica es bonita.
Bien maquillada, no exagerada, casual y discreta.
Javier se levantó un poco de hombros.
- -Pero no por eso es positivo. Puede que no haya
querido arreglarse más por que no te quiere ni impresionar.
- -Cállate, no empieces –Dijo Javier olvidando que
su invitada no podía escuchar a Claudia-
- -¿Mande? –preguntó la chica-
- -No, nada que tomes asiento.
Javier le indicó un sofá para dos que ya tenía la mesita puesta
con dos platos servidos. Se sentaron lado a lado. Claudia por su parte, siguió.
- -Uy, y mira, pantalón de mezclilla negro y
largo. No falda, nada sugestivo. Rematando con unos botines. No sandalias. Nada
coqueta.
- -¿Oye, ya no? ¿No se te ha ocurrido que quizá es
más decente de lo que crees?
La chica se mostró muy extrañada y se le quedó viendo raro.
Él se percató y tranquilizó su semblante, dirigiéndole una sonrisa.
- -No, no, no. Y mira ese top. Está mono su look
para ir a dar un paseo al centro, pero no es para nada un atuendo que diga
“estoy en una cita”.
- -No quiero oírte en toda la película por favor.
Claudia rio un poco. La chica se mostró un poco perturbada
por las acciones de Javier.
Dos horas relativamente tranquilas pasaron. Cuando la
película acabó, Javier se dispuso a levantar la mesa y hacer un poco de charla.
A lo que Claudia prestó atención, tratando de no reventar de la risa por lo
patético de la escena.
- -¿Te gustó la película?
- -Sí, es una de esas que se te quedan por días en
la cabeza.
- -¿Verdad? Tenía muchas ganas de verla, pero no
soy de los que ven películas solo.
Pues nunca las veía solo, siempre estaba la tarántula.
- -Que bien, yo tampoco. Siempre las veo con mi
novio, de hecho esa me la recomendó él.
- -Novio… - Dijo apagado Javier-
- -¿Novio? - Gritó Claudia-
- -¿Qué pasó? –Contestó ella-
Las carcajadas estallaron de
Claudia.
- -¡Te dije! ¡Te dije que no era buena! ¡Si nunca
me haces caso! ¡Jajaja! –no paraba de reclamar-
- -¿Sabes qué? ¡Un poquito al cuerno con tus
críticas o te voy a castigar sin comida una semana esta vez!
La chica se asustó, se levantó
y comenzó a caminar para atrás.
-
Oye, creo que me voy a ir. No te has de sentir
bien o algo así.
- -No, no espera, mira. Bueno, es difícil de
explicarlo, pero no estoy hablando solo.
- -¿Ah no?
- -Hablo con Claudia mira.
Javier se volteó para agarrar la pecera del animal. Regresó
con la chica y esta dio un grito que llenó todo el depa. Quiso correr, pero se
tropezó con la pata de la mesita, se enredó en ella y salieron volando la mesa,
la chica y la pizza.
Ella no se movió más.
- -¿Javier qué hiciste?
- -¿Qué hice? ¿Qué hiciste tú? ¡La asustaste!
- -No me vengas con eso, yo no me puedo cargar
sola.
- -Bueno, bueno. Hay que ver cómo está.
- -Pues mira, si no puedo cargar esto, menos puedo
revisarla.
-El muchacho tomó la caja y la quitó de encima. Puso la mano
en el cuello de aquella cabeza de muñeca llena de salsa de tomate. Se percató.
No tenía pulso.
-
Muerta…
- -¿Muerta?
- -Muerta.
- -Madres… ¡Tenemos que sacar eso de aquí!
- -¿Qué? Como que sacarla, hay que llamar a
alguien…no sé…
- -Si, Javi. Hay que decirle a la policía que vino
a tu casa y la mataste accidentalmente, ¿te cae?
- -Ay…tienes razón.
Javier se puso a trabajar. Aprovechó la oscuridad nocturna
para que nadie lo viera subirla al carro. Echó unas bolsas negras de basura,
una pala y la jaula con Claudia en el asiento del copiloto. Estaba demasiado
asustado para ir solo.
Llegaron un llano baldío más o menos en las afueras.
Javier, con toda la fuerza de su ser cavó un hoyo.
- -Javier. Te dije que esto de enamorarte tan
rápido te iba a hacer daño un día de estos. Esperaba que te matar a ti y no a
una pobre inocente.
- -Ay, ahora sí es una pobre inocente, ¿no? Hace
rato te caía mal.
-
Ay Javi, es que no te mides. Agarras cada
amorío con cada idiota. O sea, yo soy la alimaña de ocho patas, y sigo siendo
mejor opción que ellas ¡Esta tenía novio y salió a la casa de un medio extraño
a “ver películas”!
- -¡Claudia! ¡Ya me tienes hasta la madre! Te voy
a dejar sin comer. indefinidamente si no te callas, nomás falta que por tus
berrinches nos descubran.
No había terminado la frase cuando una luz roja y azul
parpadeaba ante ellos. Una sirena sonó cortada. “por favor, tire la pala y
diríjase al vehículo. Ponga las manos en el cofre”.
Una patrulla se acababa de estacionar y bajaron dos
policías. Se aceraron a registrarlo, pero se avispó la escena cuando se toparon
con el cadáver de una chica a medio enterrar. No hicieron más preguntas y
esposaron violentamente a Javier.
- -¡No! No, esperen, no fue mi culpa ¡Todo fue
culpa de ella! ¡Fue Claudia, fue Claudia!
Los gritos de Javier se perdieron al ser metido en la
patrulla. El sitio quedó hecho un chiste. Una ambulancia llegó a subir el
cuerpo. Una grúa por el carro de Javier. Y en el sitio quedaron sus cosas y una
pecera con Claudia dentro. Que sólo vio cómo todos se iban sin tomarle
importancia.
- -Rayos… ¿y ahora qué voy a comer?
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