La acompañé a la puerta de su casa. Toda la noche había
estado callada, introvertida y algo incómoda. Yo sé qué hace eso cuando cuando
tiene algo feo qué decirme. Cuando siente culpa por mí, si yo hice algo malo o
va a reprocharme. Por eso siempre le pregunto de más si se siente bien. Tengo
miedo a veces de que yo esté haciendo algo malo sin darme cuenta y sin saberlo porque
ella no me quiere decir.
Nos dimos un beso apagado para decirnos adiós. Había pasado
tanto en estos días. Habíamos tenido peleas extremas y sin razón. La había
hecho llorar, ella me había hecho desesperar. Parecía que nos odiábamos, pero
queríamos seguir juntos. Cosa que se había vuelto muy difícil.
La detuve antes de que entrara a su casa y me arriesgué a preguntarle qué es
lo que le pasaba, quizá por última vez.
Ella miró al suelo unos segundos, luego tomó aire y volteó a
mis ojos, con na mirada de desesperanza.
-
- - Gustavo. No lo puedo soportar más. Tienes cara
de cangrejo.
Yo me estremecí de la sorpresa. No lo creí, su desfachatez,
su frialdad, su nefasta intención de crueldad.
- - A qué te ref…
Toqué mi rostro. Duro y suavecito. Y en la boca unas cosas
como pinzas . En efecto, tenia cara de cangrejo. Ella siempre tuvo la razón.
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