martes, 1 de enero de 2013

La noche en que no pudiste dormir


Que salió desde lo más profundo en la cadera y subió por mi espalda.
 Entre requintos y acordes.
 Oyendo romeros de historias.
 Poetizando entre un disco oculto, en que cada compás lo hacía moverse un puñado.
 Rodeó mi columna, se fijó en mi frente, en mi nuca y sacó un cañón por la boca.
 Explosiones multiversales en una noche clara, que la empolva de colores ciegos.
Hace una expresión de absolutos interminados.
 Caras horribles y hermosos acentos.
Pasando un vicio y las mañanas que duelen.
Una noche viendo nada, solo dando vueltas.
 Otra menos ya desigual.
Otras dos en pericia, y otra en justicias de amor ilegal.
 De esos quereres que no planeamos instantáneos.
 Redobles de pasos. Máquina de peso. Que dice mentiras y encierra sin dejar escapar.
Qué nervios hacen que te muerdas las uñas en un colchón inestable, haciendo ruidos en cada pensar.
En cada esquina un espejo que no apunta a ningún lado, ningún lugar.
Huyente de aquello que guardabas.
Que intentabas escapar y estuvo dentro hasta que pudiste vomitar. A cambiar una vida más. A contener ciclos entrantes y siglos y siglos por masticar.

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