Esta la dedico a mis amigos geeks…que son como el 99% de
los que andan por ahí. Y ni se escondan ni digan “ay yo no soy geek, nomás me
gusta jugar blablabla o ver no sé que serie, pero mírame, cotorreo, tengo novia
y trabajo”. Eso, mi amigo, vale dickness, mereces que un escuadrón de jugadores
de futbol americano gringos se rían todo el día de ti y te tiren el almuerzo en
la cafetería (en serio, qué pasa con esa realidad en USA?).
En fin estaba por ahí, siendo geek y viendo cosas geeks,
cuando llegué a un video que me hizo tripear bolas (así es, tomé varias pelotas
y las amarré a un tripié para cámara). De un tema que en los haberes de los
veinteañeros alguna vez ha sido propósito de berrinches: Le edad de Ash
Ketchum.
El anime de Pokemon siempre es causa de enojos, pues ver
cómo una corporación de distribución destruye algo que muchos amamos cuando
éramos niños se vuelve un soso producto de mercadotecnia. Que sí, Pokemon
siempre fue un producto de mercadotecnia desde el principio, pero para su
creador era algo significativo. En fin, Como todos tenemos conocimiento desde
que en una de recientes transmisiones dice que el morro tiene 10 años. Y tiene
10 años desde hace como 14.
Los argumentos para desacreditar esto llueven como cerdos
sin alas, no entraré en detalles pero se supone que ha estado en suficientes
aventuras como para haber dejado pasar más tiempo.
La explicación de esto es, como ya habíamos dicho, lo
vendible del producto. Un niño preadolescente que compra compulsivamente
juegos, cartas, mochilas y cuanta cosa le vendan con la imagen de su personaje
favorito, va a seguir al mismo si logra identificarse con él. Lo hemos visto a
lo largo de mucha media exitosa, como los Transformers, siempre tienen a un
Witwicky (el nombre más tonto que he escuchado). Pero bueno, los robots no se
pasan de lanza y al menos cambian de niño cada determinado número de años.
En fin, este estancamiento de desarrollo en el personaje,
se refleja muy bien en el estancamiento de argumentos en la serie. Lo que todos
los fans de videojuegos con más de veinte años queremos, es ver más de nuestras
historias favoritas, que apelen a nuestra nostalgia, de cuando éramos niños y
el mundo que veíamos era genial. No queremos esta realidad en donde las cosas
para niños son tontas y las cosas que disfrutamos son tan aburridas. No
queremos redactar un proyecto, ni buscar plaza en un sindicato. Queremos tomar
a nuestro animalito con poderes celestiales y surcar tierras inhóspitas con
peligros indescriptibles. Esa es la mera vida, y el que diga que es más
divertido lo que está haciendo justo ahora, es un vil mentiroso que me va a decir que crezca.
No me malinterpreten. Yo siempre voy a seguir viendo
caricaturas, son como combustible. Pero cada vez hay menos tiempo, menos
chanza, y menos historias que tengan un poco de interés para mí.
Hay mucho dolor y hay mucha nostalgia de que las cosas no
puedan ser como en un tiempo más simple. Mamá y papá estaban juntos. Todos mis
abuelos estaban vivos. Mi hermano siempre estaba aquí a un lado. Las niñas
repugnaban. En el futuro íbamos a ser todos presidentes del mundo y estrellas
de cine millonarias. Y sobre todo, algún día pasaría algo místico que cambiaría
el destino, volviéndonos héroes de nuestra propia historia.
Y saben qué? Lo somos. Rifamos la vida mes con mes para
no ser aplastados en esta sociedad complicada. Recibimos ascensos. Sacamos
aprobatorias nuestras tesis. Con un cheque podemos darnos poder para una
jornada más. Escribimos un artículo nuevo, llevamos a nuestra mamá de compras
para hacerla feliz. Día con día es un nuevo episodio y una historia que
continuará.
Pero malamente, como ya les había dicho, las aventuras épicas
son para niños. Queremos aventuras oscuras que identifiquen alguna parte de lo
que vivimos o queremos vivir, pero Ash y Pikachu no serán nunca la manera de
resolver esto.
Y eso es por una simple y sencilla razón. Ash se va a
quedar niño por siempre. Él no puede acompañarnos al banco, ni a pagar el
teléfono. Él está muy ocupado llevando de la mano a nuestros sobrinos (o a
veces hijos) de la mano, dándoles lecciones de valentía, amistad y muchas otras
guarradas que, afrontémoslo, nos enseñaron alguna vez las caricaturas.

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