No siempre ando tan nervioso cuando camino por la calle. Pero hoy es especial, hoy no me tomé mis pastillas. Ya sé que me dijo el doctor que no debo hacer eso, pero no fue mi culpa. Andaba muy apurado hoy en la mañana, apenas pude desayunar. Y es que mi celular se quedó sin pila, me arreglé muy tarde y cuando llegué al frasco de las pastillas tuve que regresarme para recoger la mochila. Entonces iba a media cuadra y me acordé de las pastillas. Pero después de media cuadra a uno le da vergüenza regresarse.
¿Vergüenza con quién? Ni me pregunten, pero imagínenme, ya bien enfierrado y a toda velocidad, y encima dar media vuelta a casa otra vez. No, ¿qué pensaría yo de mí? Que soy alguien sin confianza, sin decisión, un patético y debilucho.
Yo no soy ningún debilucho. Así que no me regresé.
Esto me da como producto días como hoy. En los uq eme duelen mucho los ojos y no me dejan abrirlos bien. Sobre todo cuando veo una pared blanca. Por eso tengo que venir viendo al piso.
Estos días en que ando medio mareado y confundido, así que tengo que pisar con cuidado.
Días como los que no puedo recordar bien todas las palabras y me cuesta mucho trabajo encontrar la que quiero decir. Porque a mí me gusta hablar bien y correctamente… ¿a alguien no?
Y es así cuando me veo de lejos a mí mismo, caminando chistoso, viendo al piso, que no culpo mucho a aquel policía que me detuvo.
“Buenas tardes joven.”
Fue un tanto amable
“¿A dónde nos dirigimos?”
A chinga ¿Pues a qué hora lo invité?
“Qué estudia?” “Trae identificación?” Puras por el estilo.
Me agarra y me empieza a esculcar por todos lados, este hombre no tiene sentido del espacio personal.
No sé qué cree que hice, pero según él lo tengo que acompañar a la comandancia.
Me dice de una manera muy autoritaria “Súbase a al patrulla”
Yo le pregunto por qué.
“Ya sabe por qué, no se me haga listo.”
Pues yo no ocupo hacerme el listo. YO ya sé qué tan tonto y qué tan listo soy. Pero el policía se me puso un tanto agresivo. Hasta me llevó esposado. Es cierto lo que dicen en las películas, quedan apretadas.
Llegamos a la comandancia sin mucho qué platicar en el camino. Me baja y me forma en un pabelloncito. Me puso a esperar junto a unos señores que se veían de miedo total.
Al final me pasa con una señorita, que dicen que es la juez.
Por qué está aquí?
Pues por no tomarme mis pastillas, según veo.
No s eme pase de listo!
Otra vez…
En eso me agarran y me llevan con el médico de turno. En el acta sólo alacanzo a ver “Motivo del encierro: por hocicón”.
Que a mi por qué me trajeron?
La verdad ya ni sé. He aprendido un pequeña cosa: No tomarse las pastillas es un delito menor con 24 horas de cárcel, con derecho a fianza por externos.
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