martes, 19 de febrero de 2013

Nocturno



Enmarcados en colinas, en veredas inalcanzables, los sujetos de quien tanto hablas
Habientes de nuestras burlas, de sonrisas que se dan en sombras.
En las noches ya no importan, no se escuchan con el ruido y lo briago de los números prohibidos
Palabras que sólo dan comezón.
Enunciados que sólo comienzan una eterna discusión.
Lo bien hecho y lo destrozado, cargados en una misma balanza, para mí es igual.
En las noches ya no importan los niños que se hincan a rezar
O los cuerpos que se rozan entre sí
La vela que no se extingue, o la luz de la pantalla con un descabezado ensangrentado
Cambiando el sereno por el estridente de un gato arrabalero.
Los pies no se detienen ante el cántico místico de medias noches.
Pulsos que se brotan sobre los ya dormidos.
Somos nocturnos, nacimos así.
Con sueño pesado que tanto contiene.
Llenos de aventuras sin sol.
Sin rumbo de cortejos, sin consejo de tentaciones, sin reniegos que nos den nombre, sin paradas para las ganas que dan.
Solo confianza en que va a amanecer y ni nos daremos cuenta.
Seres inciertos que no viven para otra cosa más que para ir a bufetes después de las seis, y ponerse a comer.
Sin fe conveniente, sin recuerdos de pena, sin aliento agradable, sin poder persignar, sin lágrimas transparentes, sin condenas, sin cadenas, sin conocer la nota que hicimos grabar.
En las noches ya no importa la vergüenza.
Alabando tus insulsos, y haciendo que nadie te vea.
Recordando tus rumbos, con un cómplice que no se ve
Recitando pecados, y no dejando que nada más sea tu dios.

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